Y un guión me dictó: es una mujer
Por: Daniela Rodríguez Peña
Pensarse en un Teatro del mundo (donde se
actúa para encarnar algo que no elegimos libremente) es de repente, entenderse
intervenida. Y la intervención casi siempre refiere a una participación, puede
ser arbitraria o no, fiscalizadora o no, pero al fin de cuentas, una
participación claramente con grandes dosis de intrusión. En esta presentación
de autorretrato, reflejo algunas fases de mi vida; donde aludo a esas pequeñas
cosas que van indicando lo que es “ser una mujer” destacando la “feminidad” con
instrumentos como el cabello o el “estar siempre para alguien”. Pero las
miradas con las que una se va encontrando en el camino, donde evidentemente
también se encuentra la propia, muchas veces contribuye a entender el guión
bajo el cual hemos actuado. Y en ese sentido, me pregunto ¿Acaso escribir nuestro
propio guión -siendo conscientes de las condiciones del juego así como de sus
limitaciones- no sería uno de los primeros pasos para rebelarse ante
identidades impuestas?
Cuando era niña me miraba en el espejo en búsqueda de
algo que creía que guardaba en lo más profundo de mí. Vaya a saber qué esperaba
encontrar en ese momento, pero ahora, si sé que mirar-me es buscar, entender y
escribir mis propias letras para así, ser y hacer en el mundo. Al fin del
acabo, no hay ejercicio más soberano que el de plantar los ojos a la
identificación de los problemas que nos atraviesa y por supuesto, intervenir
también en ellos. Es un juego de intervenciones, la clave está en nacer todos
los días mirando la mano que nos pretende escribir.



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